Danzando en el desierto
Si estás atravesando un desierto o estás en un momento difícil de tu vida y quieres aprender a danzar en ellos, esta es una lectura obligada.
Durante estos años descubrí algo que cambió mi manera de mirar la vida: la fe no elimina las altas y las bajas. Les da un centro. Hay días de celebración y días de duelo; temporadas de abundancia y temporadas en las que todo parece secarse; momentos en que uno canta con fuerza y otros en los que la única adoración posible es no irse.
Por eso el título. Danzar en el desierto no significa disfrutar el dolor ni llamar bueno a lo que hiere. Significa que la alabanza no tiene que esperar a que cambie el paisaje. Habacuc pudo mirar una tierra sin fruto y aun así decir: «Con todo, yo me alegraré en Jehová». La fe no niega la realidad; se rehúsa a creer que la realidad tiene la última palabra.
Si hoy estás atravesando tu propio desierto, camina conmigo un rato. No puedo prometerte que el camino será corto. Tampoco que cada pregunta tendrá una respuesta. Pero sí puedo contarte lo que yo he visto: aun cuando la música parece detenerse, Dios sigue allí. Y mientras Él permanezca, todavía existe un siguiente paso.
